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Asómbrate con esta colección de más de 6 mil libros infantiles digitalizados y de consulta libre

Libros

Por: pijamasurf - 06/26/2017

Por más de 40 años, Ruth Baldwin coleccionó libros infantiles de toda índole; ahora la Universidad de Florida ha digitalizado esa biblioteca para su acceso público

Los libros infantiles son sin duda uno de los géneros más entrañables dentro del ámbito de lo impreso (con su extensión reciente hacia lo digital). Acaso por la audiencia misma a la que va dirigida, la literatura infantil y juvenil posee rasgos en donde confluyen lo atractivo y lo inteligente, la reflexión y las emociones, el asombro y el cuidado, entre varios más que al final dan como resultado libros sumamente hermosos, únicos, verdaderas joyas artesanales de la edición y la creatividad.

Como prueba de ello, basta recorrer el amplísimo catálogo de la Biblioteca Baldwin de Literatura Infantil Histórica, adscrita a la Universidad de Florida y que recientemente liberó para su consulta abierta la digitalización de más de 6 mil ejemplares del género, publicados desde mediados del siglo XIX y hasta mediados del XX, especialmente en Estados Unidos y el Reino Unido, con algunos pocos libros provenientes de Alemania, Francia, España y otros países.

Cabe mencionar que dicha biblioteca lleva el nombre de su coleccionista: Ruth Baldwin, quien durante 40 años reunió libros dirigidos al público infantil, en los diversos “subgéneros” que ha tenido a lo largo de la historia ese ámbito de la edición. Libros de literatura, edificantes, pedagógicos, religiosos, morales, artísticos, de entretenimiento, de valores cívicos o familiares y varios más, los cuales en casi todos los casos respondieron a momentos específicos de la sociedad en la que emergieron.

En el caso del catálogo digital, es posible explorar dicha biblioteca siguiendo criterios de año o lugar de publicación, nombre del editor e incluso la categoría temática a la cual pertenece el libro. Asimismo, el catálogo cuenta con una media docena de colecciones particulares, como la de libros relacionados con los cuentos de los hermanos Grimm, con San Nicolás o con Alicia en el país de las maravillas.

Siguiendo este enlace puedes revisar el catálogo de la Baldwin Library of Historical Children's Literature, y seas un entusiasta de la literatura infantil, de los libros, de las ilustraciones, de la historia cultural o de la creatividad en sí, estamos seguros de que encontrarás varias ocasiones de asombro y placer. 

La neurociencia te explica los beneficios de leer más libros al año

Libros

Por: PijamaSurf - 06/26/2017

Según la neurociencia, la lectura provocaría en el cerebro humano el óptimo funcionamiento de numerosos procesos mentales, tales como la percepción, la memoria y el razonamiento

La lectura, guarida ficticia de la realidad, es una herramienta poderosa que puede convertir la ignorancia en razonamiento, la imaginación en creatividad y el estancamiento en empoderamiento. De alguna manera, la lectura de libros resulta ser esa clave que permite “abrir los ojos” ante la realidad desde la subjetividad, siendo capaz de proyectar grandes ideas en torno a un bienestar global y general. 

Desgraciadamente, la lectura no es una de las actividades más populares en la actualidad. La Encuesta Nacional de Lectura 2012 realizada por la Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura reveló que uno de cada dos hogares en México tiene entre uno y 10 libros no escolares, el 54% de los encuestados no lee cotidianamente, y el 34% no ha leído un solo libro en su vida. ¿Qué pasaría si ese 88% comenzara a leer? 

Según la neurociencia, la lectura provoca en el cerebro humano el óptimo funcionamiento de numerosos procesos mentales, tales como la percepción, la memoria y el razonamiento. Esto se debe a que al leer se activa el hemisferio izquierdo del cerebro y, por los tanto, los procesos del lenguaje y del análisis. Para Ignacio Morgado Bernal, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona de España: 

Decodificar las letras, las palabras y las frases y convertirlas en sonidos mentales requiere activar amplias áreas de la corteza cerebral. Las cortezas occipital y temporal se activan para ver y reconocer el valor semántico de las palabras, es decir, su significado. La corteza frontal motora se activa cuando evocamos mentalmente los sonidos de las palabras que leemos. Los recuerdos que evoca la interpretación de lo leído activan poderosamente el hipocampo y el lóbulo temporal medial. Las narraciones y los contenidos sentimentales del escrito, sean o no de ficción, activan la amígdala y demás áreas emocionales del cerebro. El razonamiento sobre el contenido y la semántica de lo leído activan la corteza prefrontal y la memoria de trabajo, que es la que utilizamos para resolver problemas, planificar el futuro y tomar decisiones. Está comprobado que la activación regular de esa parte del cerebro fomenta no sólo la capacidad de razonar, sino también, en cierta medida, la inteligencia de las personas.

Una vez que este conocimiento se “cristaliza” en la memoria a largo plazo, se experimenta una especie de satisfacción y bienestar debido a esta nueva información adquirida. Se trata de incluso del apareamiento de una actividad –la lectura– y una sensación –de placer– que generará la repetición de este patrón. 

Esto, en conjunto, refuerza las habilidades sociales y empáticas de las personas. En el trabajo de Keith Oatley, novelista y psicólogo de la Universidad de Toronto en Canadá, se destaca que la literatura de ficción simula en los humanos una interacción social. Oatley considera que “ese tipo de literatura, al ser como una exploración de las mentes ajenas, hace que quien lee mejore su empatía y su comprensión de los demás, algo de lo que estamos muy necesitados”. Además, debido a que la ficción trata con personajes y situaciones complejas, contribuye no sólo a disminuir el nivel de estrés del lector sino también los prejuicios generados en la cultura. 

En pocas palabras, la lectura es una especie de gimnasio mental que resulta más asequible y barato que uno para el cuerpo. Cada persona que lee (desde los niños hasta los individuos de la tercera edad) necesita elegir el tipo de lectura que más le llama la atención y le motiva –por supuesto, en función de su edad y facultades visuales.