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La lista de “cosas que hacer” del magnate Richard Branson a los 22 años

AlterCultura

Por: Pijama Surf - 07/12/2017

Una mezcla entre humor, fantasía y el mundo práctico, la lista de uno de los empresarios más interesantes del mundo

Richard Branson, el multimillonario dueño de Virgin, fundó su primera empresa exitosa a los 16 años y su postura frente a las drogas lo ha colocado como una de las influencias más importantes para acabar con la fatal guerra contra las drogas. Admirado por muchísimas personas en el mundo, ha hecho activismo al lado de figuras como Nelson Mandela y Peter Gabriel; también ha organizado encuentros entre poderosos para discutir el calentamiento global.

Su habilidad para los negocios es indudable, y aunque no deje de ser polémico para muchos, se ha convertido en un personaje cuya opinión y filosofía permean la cultura y las discusiones públicas. Recientemente publicó tanto en el sitio de Virgin como en su cuenta de Twitter personal una lista de “cosas que hacer” que escribió cuando apenas tenía 22 años (en 1972) y estaba incursionando en el negocio de las tiendas de discos. En ese tiempo sólo tenía, según el sitio indy100, unas cuantas tiendas en el Reino Unido; para 1990 contaba con más de 100.

La lista, como la de toda mente visionaria, conjunta tanto cosas cotidianas como abstracciones y sueños que son imprescindibles en la conformación de una personalidad creativa; una mezcla entre ficción personal y cosas prácticas.

 

1. Aprender a volar.

2. Cuidar de mi, de ti, y del bote.

3. Que las personas que estén conmigo se encuentren a gusto.

4. Volver a invitar a personas agradables.

5. Comenzar a arreglar la pequeña casa de The Manor.

6. Comenzar a comprar cosas para el estudio de The Manor.

7. Trabajar en los proyectos/ordenarme.

8. Encontrar más tiendas.

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Por: PijamaSurf - 07/12/2017

Recientemente se hallaron nuevos vestigios de las construcciones hechas por los aztecas

Pocas miradas extranjeras tuvieron el privilegio de ver cómo Tenochtitlán rompía la luz y el brillo de un lago custodiado por montañas. El asombro que cautivó a los primeros conquistadores les hizo balbucear descripciones de una grandeza que conmovió a sabios y emperadores del mundo entero. Aún hoy sólo podemos imaginar y recrear sus informes, con base en pequeñas ventanas a tesoros arqueológicos, abiertas por las nuevas tecnologías.

Gracias al cultivo y desarrollo de la arqueología y la antropología, hoy es posible desentrañar el Centro Histórico de la Ciudad de México sin llevar a cabo una carnicería de los monumentos de la historia moderna. Tal es la paradoja de muchos sitios arqueológicos que han quedado sepultados por catedrales, palacios o montañas en la selva. Por fortuna, a veces una calle perdida en un predio olvidado puede facilitar un pequeño vistazo a las glorias pasadas.

 

 

De este modo fue que una investigación de 7 años sacó a la luz un templo dedicado a Ehécatl, el cual está acompañado de un juego de pelota, en uno de cuyos bordes se encontró una ofrenda ritual de vértebras de hombres jóvenes. La excavación se hizo a espaldas de la Catedral Metropolitana, debajo de la cual se extiende la mayor parte del área del templo, de más de 36m de longitud.

El dios Ehécatl representaba al viento, elemento necesario para activar a los Tlaloques, encomendados por Tláloc para romper los cuencos que en el cielo guardaban la lluvia. La importancia de Ehécatl para la subsistencia de los mexicas es, pues, equiparable a la lluvia y a la guerra, por lo cual el templo recién descubierto estaba de frente a las pirámides del Templo Mayor.

Las ruinas circulares del templo de Ehécatl recuerdan que existe un centro ceremonial inmenso debajo del Centro de la ciudad, cubierto por el asfalto, los adoquines, los antiguos palacios y las viviendas viejas y deshabitadas, como la memoria que acompaña y cubre a los muertos.