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Si crees en teorías de la conspiración, es probable que tengas problemas manejando la incertidumbre

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/08/2017

Las personas que gustan de las teorías de la conspiración no soportan la incertidumbre y buscan llegar a una resolución cognitiva, sugiere estudio

Algunas personas tienden a consumir y dar vida a teorías de la conspiración, algunas sumamente desaforadas. Existen diversas interpretaciones de por qué ocurre esto --una de las cuales, que no debe descartarse del todo, es que las conspiraciones, en algunos casos limitados, existen. Sin embargo, probablemente la mejor explicación para la fuerte tendencia de algunos individuos a ver en todo o en casi todo el sello de una conspiración tiene que ver con la necesidad psicológica de acabar con la incertidumbre o lo que los investigadores llaman "cerradura cognitiva".

Un estudio realizado en conjunto por investigadores polacos y británicos examinó  a un grupo de 700 adultos, a los que se les pidió que leyeran ciertas noticias que eran presentadas como artículos de medios en línea (entre ellos algo sobre el Boeing 777 de Malaysia Airlines). Después de leer las noticias, los voluntarios leyeron comentarios que ofrecían explicaciones calificadas como conspiracionales y no conspiracionales). Estos mismos participantes realizaron pruebas, para determinar su necesidad de cerradura cognitiva.

Tomando en cuenta la necesidad de cerradura cognitiva, los investigadores pudieron predecir cuáles participantes iban a defender una teoría de conspiración. Hay que mencionar que se defendió la conspiración en los casos en los que no había una versión oficial para explicar los sucesos. Esto muestra que los participantes no rechazan del todo la realidad (la realidad en el sentido de lo consensualmente atenido), sino que buscan eliminar la incertidumbre cuando la perciben. De aquí que la incapacidad de soportar la ambigüedad sea un factor que conduce a la creencia en las teorías de la conspiración.

¿Por qué Francia es el país más pesimista del mundo? (INFOGRAFÍA)

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/08/2017

Francia aparece constantemente en el último lugar de los sondeos sobre actitudes hacia el futuro

Si les preguntáramos, ellos probablemente dirían que por realistas e incluso por su inteligencia. Los otros países son más naïve. En Francia el pesimismo es una especie de deporte nacional ligado a la crítica, al análisis más concienzudo y despiadado, a la racionalidad que destruye el optimismo (que a fin de cuentas es una forma de fe). Nadie como Voltaire para arrojar una mirada desangelada y llena de ingenio a la condición humana: "el optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos miserables". El mundo es una tragedia, pronto moriremos y no hay solución, no hay dios, no hay trascendencia. Sólo tenemos esta existencia. Francia también produjo a Sartre, quien "hizo del ennui algo chic", y generó mayormente el posmodernismo, quizás la ideología dominante actualmente, una ideología en la que, en términos generales, se pone en duda la existencia de la verdad y la moral y se ve todo con ironía y escepticismo. El psicólogo canadiense Jordan B. Peterson no tiene clemencia con esta visión del mundo:

Los posmodernistas logran ser nihilistas y totalitarios al mismo tiempo, algo que ni siquiera Nietzsche había soñado pese a que tenía la más grande imaginación para la patología que jamás haya existido. Además combinan el nihilismo y el totalitarismo con los peores aspectos de la religión.

Evidentemente se puede diferir de lo que piensa Peterson del posmodernismo, pero el punto aquí es que Francia y sus intelectuales son el gran exponente del pesimismo, en gran parte por haber deconstruido las grandes narrativas y los grandes centros de significado. Algunos dirán que con razón. Nadie domina la razón como los franceses, pero, parafraseando a Pascal, la razón sin corazón no conduce a la felicidad y quizás eso sea un error del intelecto. Creer que tener razón es más importante que ser feliz o que encontrar significado y motivación para vivir bien es una trampa de la infatuación del propio intelecto. 

Todo esto a colación de una nota que publicada en The Economist en la que se sugiere que el éxito de la campaña de Macron en parte se debe a su entusiasmo y a su optimismo --remedios para combatir la morosidad francesa. Y los prospectos económicos lo celebran (aunque claro, esto parece ser también parte de la agenda neoliberal de The Economist, que se encarga de crear burbujas constantemente). Lo interesante de esto es, sin embargo, el contraste de la actitud positiva de Macron con el pesimismo francés, siendo que Francia invariablemente aparece en los últimos lugares y generalmente en el último en sondeos sobre los países que ven con menos optimismo el futuro (ver aquí o aquí).

Existen dos lecturas fundamentales de esto (los posmodernistas nos dirían que existen innumerables perspectivas, cada una remitiéndonos a otra, en una infinita cadena de referencias circulares). Por un lado, el pesimismo francés parece ser en parte reflejo de su inteligencia, de no ser engañados tan fácilmente por los políticos y demás, y también de su frío análisis de la condición humana (la vida como la vivimos es esencialmente trágica). Por otro lado, parecen ser esclavos de su propia inteligencia, ya que una cierta actitud positiva (no una mera actitud delusoria, sino una afirmación de lo "bueno") en términos pragmáticos es bastante útil para casi cualquier cosa que realizamos en la vida. ¿Puede un agnóstico tener fe?